Posteado por: SanchezdeCastro | 12/06/2010

El piloto que sobrepasó el límite

Pasional y polémico. Rápido, muy rápido, y con ese punto de locura necesario para traspasar la frontera entre idiota y genio. Nacido para correr, para trazar al límite en las curvas, para sudar gasolina y para respirar automovilismo, sin importarle nada más. La última apuesta del Commendatore Enzo Ferrari. El penúltimo romántico del automovilismo de las cuatro ruedas, el poeta de los adelantamientos.

Un mago, un gladiador. Esta es la historia de Gilles Joseph Henri Villeneuve.

Gran Premio de Francia de 1979. Se ve llegar al fondo de la recta del circuito de Dijon-Prenois un bólido amarillo y blanco, con pinta de cafetera, conducido por Jean-Pierre Jabouille. Quedaban un par de vueltas, y el piloto de Renault iba irremisiblemente hacia su primera victoria, que también sería la de su escudería. En cuanto pasó, todo el público se puso en pie. Se veía un monoplaza rosso corso pegado, muy pegado, casi rueda con rueda, con otro Renault. Era Gilles Villeneuve y estaba luchando con René Arnoux, en una de las mejores batallas que han visto los asfaltos de todos los tiempos. El circuito se les hizo estrecho; el francés veía por los retrovisores, sin creérselo, cómo el canadiense le venía comiendo terreno desde hacía algunas vueltas. Se tocaron en repetidas ocasiones, Villeneuve apretó los dientes: se había empeñado en ganarle la plaza. El circuito se les hacía estrecho y defender un palmo de distancia era más importante casi que respirar para estos. Los toques, choques, derrapadas y salidas de pista se sucedieron, hasta que Arnoux tuvo que claudicar: era ceder el puesto o tener un accidente, pero no iba a quedar por delante de Villeneuve ni en un millón de vueltas ese día.

Sólo viendo este documento de hace tres décadas se entiende por qué Enzo Ferrari apostó por él y le quiso casi como a un hijo. La pasión por la velocidad era casi una tara, un problema psicológico. Desde muy joven, quería ir rápido, fuese sobre lo que fuese. “Dadme un coche de pedales, o un misil o algo que se mueva, y lo llevaré al límite”, afirmó en una ocasión. Antes de dar el salto a los coches, fue campeón de motos de nieve en su país hasta que le llamó la atención eso de las cuatro ruedas. Ni se lo pensó.

El ‘chaval’ que humilló a Hunt
Este no fue uno de los típicos campeones de karts que van avanzando hacia los Fórmula 1. Nada más lejos. Fue mucho más ‘americano’ en ese sentido. El chaval nacido en Richelieu (sí, como el cardenal), un pueblo francófono de Québec decidió que iba a modificar el Ford Mustang de 1967 que se acababa de comprar para participar en carreras de drags. Después de sacarse la licencia de piloto, se metió en la Fórmula Ford con ese mismo coche. Y ganó a todos siete de las diez carreras, sin apoyo oficial, ni una fábrica detrás. Simplemente corría y ganaba.

Su nombre empezó a sonar en la Fórmula Atlantic, entre el respeto y el temor hacia sus arriesgadas maniobras. La fortuna quiso que James Hunt decidiera probar en una carrera no puntuable para aquel campeonato de Fórmula 1, que acabaría ganando. El equipo (recientemente creado) McLaren se cruzó en el camino de Villeneuve, cuando el canadiense prácticamente humilló a Hunt y a otros grandes en Trois-Rivières, y le ofreció un contrato para algunas carreras. En su primer GP de Fórmula 1, el de Gran Bretaña hizo undécimo. “¿Quién es ese canadiense? Es Gilles Villeneuve”.

El protegido del Commendatore
El huracán que provocó Villeneuve en el Gran Circo llamó la atención a Enzo Ferrari. El capo de la Scuderia no dudó en traerle a Maranello para montarle en el monoplaza del accidentado Nikki Lauda. En teoría, iba a ser el escudero de Jody Scheckter. Apenas esperó. Cerró su primera temporada en Ferrari con una espectacular victoria ante su público, en Canadá, en el circuito que hoy lleva su nombre.

Fue en 1979 donde, una vez superada la supremacía anterior de Lotus, los Ferrari volvieron arriba. Con Scheckter como teórico primer piloto (más por resultados que por cariño popular), el Cavallino copó las dos primeras posiciones de la clasificación general. El espectacular Gilles Villeneuve hacía gritar de pasión a los tifosi, con la carrera de Dijon-Prenois como punto álgido de la temporada. Fue subcampeón.

La temporada 1980 es considerada por muchos como el punto más bajo de Ferrari en toda su historia. Los primeros coches con efecto suelo hicieron su aparición, y la fábrica italiana perdió comba en el desarrollo de esta tecnología, hoy en día tan básica. Villeneuve partía como favorito indiscutible y sólo hizo seis míseros puntos en toda la campaña. En 1981, Ferrari montó su primer motor turbo y Gilles volvió a protagonizar otra carrera antológica: el Gran Premio de España, en el circuito del Jarama. Madrid acogió cómo el canadiense aguantó durante más de cincuenta vueltas los constantes envites de cuatro pilotos que entraron desesperados justo a rueda de él: Jacques Laffite, John Watson, Carlos Reutemann y Elio de Angelis se quedaron sólo a 1’24 segundos del ganador. Este 21 de junio de 1981 sería la última vez que veríamos al genio Gilles Villeneuve en lo más alto. Ese año lo acabó descalificado en el Gran Premio de Las Vegas por no hacer caso a las banderas y entrar a cambiar su frontal dañado.

El fatídico choque con Jochen Mass
El loco Villeneuve, como muchos le calificaban ya, partía en 1982 de nuevo con todos los favoritismos. Partía con cierta ventaja de trato sobre su compañero Didier Pironi, que dijo en una ocasión que Gilles tenía “una pequeña familia” dentro de Ferrari, pese a lo cual aseguró que había igualdad entre ambos. Lo cierto es que ambos se tenían muchos celos (sobre todo el francés hacia el canadiense) y su relación fue de todo menos amigable. Llegó a la cuarta carrera sin haber siquiera puntuado (dos abandonos y una sanción), pero se subió al podio de San Marino justo detrás de su compañero. Siguiente prueba: Gran Premio de Bélgica, circuito de Zolder. 8 de mayo de 1982, sábado, sesión de calificación. Pironi era 0’1 segundo más rápido de ritmo que Villeneuve y este apretó al máximo. Tenía a tres pilotos con mejor tiempo: aparte de Pironi, le superaban Alain Prost y René Arnoux.

Quedaban quince minutos. No se pudo conformar con salir cuarto. Tenía que salir primero, tenía que volar, tenía que llevar el Ferrari al límite. Última curva, el Terlamenbocht, en bajada y a izquierdas. El 126/C2 llegó a 225 km/h cuando se topó con el March de Jochen Mass, se subió a su rueda trasera izquierda y salió despedido. Dio varias vueltas de campana fatales para el piloto, que acabó saliendo por los aires atado todavía al asiento y chocándose contra las vallas de protección. Ese día murió “el piloto más rápido de la historia” de la Fórmula 1, según dijo Jody Scheckter. Enzo Ferrari volvió a perder a un hijo, esta vez adoptivo, y dicen que desde ese día hasta su muerte no volvió a ser el mismo.

Su hijo Jacques logró hacer justicia 25 años después y proclamarse campeón del mundo de Fórmula 1. ¿Todavía os preguntáis quién era Gilles Villeneuve? La respuesta es clara: el piloto más rápido que ha pisado un circuito.

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Responses

  1. […] This post was mentioned on Twitter by Álvaro L. Sánchez, David S. de Castro. David S. de Castro said: En Asfalto Quemado: Un mito de Ferrari, el piloto que sobrepasó el límite. Esta es la historia de Gilles Villeneuve http://bit.ly/bbGstp #F1 […]

  2. y que nos cuentas de stefan bellof; no se si podriamos compararles pero seguramente Stefan era tan rapido como Gilles….


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